El autoengaño de Peña Nieto en el 88º aniversario del PRI

Publicado el 7 marzo, 2017

Ayer en la celebración del octagésimo octavo aniversario del PRI, el presidente Enrique Peña Nieto habló de «la parálisis de la derecha o el salto al vacío de la izquierda demagógica», aludiendo negativamente al PAN y a López Obrador, pero ignora que esas son actitudes y corrientes que nacieron del PRI décadas atrás, y que sólo ha cambiado en virtud de su oportunismo.

Por más mal que caiga, no se puede decir que el Partido Revolucionario Institucional no haya evolucionado: Nació como el Partido Nacional Revolucionario (PNR) de la mente del generalísimo Plutarco Elías Calles —algo así como el alumno sith del brutal Álvaro Obregón, sobreviviente final de la Revolución Mexicana—, y de la clase caudillista militar, pasó por una adolescencia populista y socialista con el generalísimo Lázaro Cárdenas, se consolidó como la dictadura perfecta al pasar a manos del generalísimo Manuel Ávila Camacho, se convirtió en una cleptócrata civil gracias al licenciadísimo Miguel Alemán Valdés —conocido por su banda “Alí Babá y los cuarenta ladrones”—, logró el “milagro mexicano” en tiempos de Adolfo López Mateos, e inició su caída en espiral con Luis Echeverría Álvarez hasta que entregó el poder a la oposición, gracias al doctorcísimo Ernesto Zedillo Ponce de León.

Claro, el Partido Revolucionario Institucional (válgase el oxímoron) también resurgió con el domingo siete humano que es Enrique Peña Nieto, quién en retrospectiva, no es ni un brutal dictador, ni un frío tecnócrata, sino un un tibio pazguato. Un hombrecito cheto y amoral mal parado en el camino del progreso sin darse cuenta o tener la intención. Para mi gusto, decir lo contrario sería darle demasiado crédito.

En los ochentas, sin romper con su tiránica “unidad”, el PRI entró en una carrera interna por desarrollar el solucionador perfecto que aleje al partido de los errores estatistas de los presidentes de los setentas. Tras recibir una economía en buenas condiciones, Luis Echeverría, y su mejor amigo de la infancia, José López Portillo, se dedicaron a crear paraestatales y un nivel de subempleo que hundieron al país. Miguel de la Madrid Hurtado y Carlos Salinas de Gortari aplicaron el proceso inverso para sacarlo a flote, privatizando las paraestatales ineficientes, pero dando preferencia a sus amigos en el proceso.

En su discurso, Peña Nieto ignoró que Andrés Manuel López Obrador, y los morenistas tienen su origen en el mismo PRI. Los que no se formaron directamente en él, son herederos ideológicos de las desastrosas políticas económicas de Lázaro Cárdenas, Luis Echeverría, y José López Portillo. Si bien es correcto denunciarlas por su demagogia, es cínico ignorar su origen priista.

Tras Salinas, Ernesto Zedillo Ponce de León continuó con las políticas liberales, pero con mayor enfoque en sanar la economía del país. Además, fue el primer presidente priista en permitir la democracia. Aunque no fue perfecto, estas acciones cortan con los errores de sus predecesores.

Los presidentes panistas que siguieron a Zedillo, Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa, continuaron por la misma línea. Fox le sumó una mayor libertad de prensa.  Mientras, la gente del PRI sufrió un retroceso evolutivo. Continuaron liberales, pero perdieron su interés en solucionar, convirtiéndose en meros cascarones de si mismos. Durante los sexenios panistas, se dedicaron a oponer por oponer en mancuerna con el PRD, mientras buscaban como robar para financiar campañas basadas en marketing hueco. Peña Nieto escoge ignorar esto cuando critica esta misma actitud de parálisis PAN, sin reconocer que ni ellos, ni los izquierdistas, tuvieron problemas en darle luz verde a sus Reformas Estructurales — buenas o no.

Durante su admininstración, Felipe Calderón solapó a la generación de priistas cleptócratas que incluye a Humberto Moreira, Ivonne Ortega, y el propio Enrique Peña Nieto, quien en turno, tuvo que solapar a más priistas cleptócratas como César Duarte, Roberto Borge, y Javier Duarte, que se le salieron de control, por lo que ahora paga el costo político.

Evolución del PRI, Peña Nieto —Voz Abierta

No hay excusas. El la izquierda y la derecha de hoy tendrán sus males, pero a cada partido le toca atender los propios. Si el PRI desea sobrevivir, el verdadero reto al que se enfrenta es el de limpiar su propio acto: lograr democracia interna, eliminar su propia corrupción, transparentar sus gobiernos y generar resultados en el país. Diga lo que diga Peña Nieto, los mexicanos con memoria sabemos que el PRI es el patrono inventor de los males que denuncia y de la cleptocracia que calla.

Tarde y mal, el PRI ya dio lo que tenía que dar. Antier dejó su brutalidad caudillista, y ayer hasta entró a la democracia electoral, pero hoy no ha dejado de ser una fuente de deshonestidad y mediocridad, por lo que mañana su extinción no será ni de extrañarse ni de llorarse.


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Tags: Adolfo López Mateos, Andres Manuel López Obrador, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Felipe Calderón Hinojosa, José López Portillo, Lázaro Cárdenas, Luis Echeverría Álvarez, Miguel de la Madrid Hurtado, Plutarco Elías Calles, Vicente Fox Quesada

Autor: Armando E. Torre Puerto

Aprendió a escribir palabras usando letras. En Voz Abierta, hemos hecho nuestro mejor esfuerzo por detenerlo, pero es que está bien terco.  ...

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