Coco, lo mexicano y todo lo demás

Publicado el 19 noviembre, 2017

En 1930 el cineasta ruso Sergei Eisenstein visitó México y se enamoró de nuestro país a tal punto que pasó aquí más tiempo del que el gobierno estalinista le había aprobado para realizar una película. El resultado fue ¡Qué viva México!, una épica sobre nuestro país y su cultura que cautivó la imaginación de medio mundo. Uno de sus segmentos más famosos es una filmación del Día de Muertos en un típico pueblito mexicano.

En 1947 el inglés Malcolm Lowry publicó la novela Bajó el volcán, en la que un alcohólico cónsul británico asiste a la fiesta del Día de Muertos en la entonces pequeña ciudad de Cuernavaca, bajo las sombras del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl. La novela se inspiraba en las vivencias de Lowry en México.

En 1972 el estadounidense Ray Bradbury publicó El árbol de las brujas, una novela fantástica para niños en la que un grupo de muchachos es llevado por un misterioso personaje, a través de distintas épocas y países, en busca de las raíces del Halloween y el significado de la muerte en la vida humana. Una parada obligatoria es la isla de Pátzcuaro durante la fiesta del Día de Muertos. Uno de los chicos dice “¡Esta fiesta es mejor que la nuestra!”.

En 1998 Sergio Aragonés, caricaturista mexicano nacido en España, y su usual colaborador, el escritor estadounidense Mark Evanier, publicaron bajo el sello de Dark Horse un cómic titulado El Día de los Muertos, en la que llaman a los extranjeros a respetar y honrar las fiestas tradicionales mexicanas.

Por último, en 2014 el animador Jorge R. Gutiérrez, mexicano radicado en Estados Unidos, estrenó el largometraje animado El libro de la vida, que produjo el también mexicano Guillermo del Toro. La peli se construye con diferentes elementos de la cultura mexicana, centrándose en el Día de Muertos.

que-viva-mexico¡Qué viva México!, de Sergei  Eisenstein.

Malcom Lowry, Under the Volcano – Voz Abierta

Portada de Bajó el volcán, de Malcolm Lowry. 

Halloween Tree, Ray Bradbury – Voz Abierta

Portada de El árbol de las brujas, de Ray Bradbury.

Dia de los Muertos, Sergio Aragonés – Voz Abierta

El Día de los muertos, de Sergio Aragonés y Mark Evanier.

El Libro de la Vida – Voz Abierta

El libro de la vida, de Jorge R. Gutiérrez.

Como se ve, la festividad del dos de noviembre es una tradición que ha cautivado a personas de todo el mundo. Más que el 16 de septiembre o que el 5 de mayo (que nada más los gringos festejan haciendo el ridículo), el Día de Muertos es, a los ojos del mundo, la fiesta mexicana por excelencia. Todo lo cual nos trae hasta Coco, la producción de Disney-Pixar de 2017.

Al igual que el Libro de la vida, el largometraje de Pixar cuenta con la participación de artistas mexicanos y mexicoamericanos, incluyendo a Adrián Molina, codirector y coescritor. También arma su historia con elementos emblemáticos de la cultura mexicana y se centra en la celebración del Día de muertos. La película se estrenó en México –donde ha sido un rotundo éxito- casi un mes antes que en Estados Unidos.

La película es muy buena. Tiene una animación excelente y bonitos mensajes. La música está chulísima y el trabajo de doblaje me encantó. En general es respetuosa con los mexicanos, en el sentido de que no se burla de nosotros.

Tierra de los muertos, Coco, disney Pixar – Voz Abierta

Es cierto que toma como “lo mexicano” esa imaginería del Mexican curious de atracción turística (visualmente está como ese parque que existía en Cancún hace años, México Mágico), pero la neta es que nosotros hemos sido los primeros en promover esa imagen de México, y lo hacemos cada septiembre. Es el México del cine de la época oro, de los muralistas, de las pinturas de Juan de la Helguera, de la lotería y el juego de la oca, de las tiendas de artesanías y de las celebraciones del Bicentenario. Los adalides del nacionalismo posrevolucionario estarían contentísimos. Es cierto que, como El libro de la vida, se inventa una mitología del más allá que no tiene nada que ver con lo que la gente cree. Pero oigan, éste es el país en el que el gobierno una vez quiso reemplazar a Santa Claus con Quetzalcóatl.

Si acaso lo que más me sacó de onda fue que en ese inframundo hay clases sociales, mansiones ostentosas y barrios sacados de Los olvidados, burocracia intransigente y hasta una aduana…. Y que hasta muertos los mexicanos andan tratando de cruzar la frontera sin papeles y necesitan que sus parientes les manden remesas. No, pos eso sí tiene algunas connotaciones desafortunadas.

Pero en general, no me quejo del retrato disneyficado de la mexicanidad, faltaba más. Que no es toda la cultura mexicana, pos no. Pero es lo más icónico de ella y lo más reconocible a nivel mundial. Que si queremos películas que reflejen toda nuestra cultura, tendremos que hacerlas nosotros. Algunos acomplejados quisieran mostrarle al mundo que “goe, ni que todos fuéramos morenitos; si hasta tenemos celulares, aire acondicionado e Internet”. Pos va, que se hagan películas sobre la clase media urbana. Para que me crean que hay güeras.
The whole Riviera family, Coco, Disney Pixar – Voz AbiertaLo más mexicano de Coco no es todo ese coctel de cultura pop, símbolos prehispánicos y tradiciones hispánicas (que no, que el Día de Muertos tiene más de europeo que de prehispánico; la idea de que es indígena es un mito del nacionalismo posrevolucionario). Es la dinámica de la familia, que además es lo más encantador de la película. La familia extendida en la que tíos y primos están casi tan cerca de nosotros como los padres y los hermanos; en la que abuela es una matrona a la que se le respeta y obedece; en que la más viejita de la casa ahí está, aunque sea en calidad de bultito, pero se le quiere y se le mantiene cerca (no como en primer mundo, donde se arroja a los ancianos en los asilos). Un México en el que muy a menudo las mamás se tienen que encargar de la familia entera, porque los hombres se van. Que al final resulta que no fue abandono, sino infortunio, pos claro, es una peli para niños, no un drama social. Vaya, dejen de pedirle a Coco que sea lo que no puede ser.

Si acaso, lo que me ofende de Coco es lo trillada de su trama, que sigue la fórmula ya probada de casi todas las películas de Disney y Pixar. Cuando inició y salieron con eso de “mi familia quiere que yo sea zapatero, pero yo quiero ser músico” pensé, boquiabierto “¿es en serio? ¿va a ser esa historia que ya hemos visto mil veces?”. Entonces tenemos el viejo cliché de “no siento que pertenezco, sé que hay algo más para mí allá afuera”. Claro, además del giro argumental del “malo secreto”, porque ya no hay buenos villanos en estas cintas animadas, sino que resulta que casi al final se revela que “¡numa, ese güey era el villano, kespanto!”, todo lo cual me hace darme un facepalm, rodar los ojos y sentirme intelectualmente insultado.

Mama Coco, Coco, Disney Pixar – Voz Abierta

Tampoco me hizo llorar, como clamaba todo el mundo. Cuando has estado viendo todas las de Pixar desde Toy Story llega un momento en que te sabes la fórmula y ya puedes predecir en qué momento te van a querer hacer llorar a fuerzas. Me pasó lo mismo con Intensamente, en la que el personaje del amigo imaginario anunciaba a leguas que estaba ahí para desaparecer y hacernos llorar. A estas alturas Pixar chantajea más que conmover. O será que estoy muerto por dentro, como dice el meme.

Se me hace que esta película gustó tanto a los mexicanos por la misma razón que Ralph el Demoledor gustó tanto a los viejos gamers: referencias. Todos esos guiños, chistes locales, cameos, huevos de pascua y demás cosas que cuando las reconocemos nos ponemos contentos. “¡Ahí está Chun-Li!” gritábamos emocionados los gamers noventeros. “¡Ahí está el Santo!” gritamos emocionados los mexicanos. No es que eso sea todo, claro. Coco tiene sus propios méritos. Pero esos pequeños fan service (que podrían ser aquí ¿culture service?) siempre son un pilón bienvenido que nos pone de buenas.

Iconos mexicanos, Coco, disney Pixar – Voz Abierta

Entonces no se crea que no me gustó Coco. Está bien bonita y muy divertida (todo lo de Frida fue hilarante); disfruté los guiños tanto como cualquier otro mexicano. Y me encantó el mensaje central, el cual, según entendí, es que hay que mantener viva la memoria, valorar a nuestra familia, aprender de nuestras raíces… Y al mismo tiempo la familia debe apoyar a cada uno de sus miembros, como personas únicas con anhelos y deseos individuales. Está muy bien que los chamaquillos reciban esas enseñanzas. Y si eso hace que los mexicanos quieran recuperar su Día de Muertos y que el mundo quiera saber más de nuestra cultura, tanto mejor.

Tags: Coco, Día de Muertos, Disney, Pixar

Autor: Miguel Ángel Civeira González

Bloguero, escritor y friki. Miguel Ángel es licenciado en Letras Hispánicas y profesor de humanidades a nivel bachillerato. Ha publicado textos en diversas revistas y antologías, incluyendo la co...

Comentarios

  1. Oye, creí que era el único que había encontrado divertido todo el asunto de Frida.
    Muy buena reseña. Coincido contigo, aún si no fue esa la intención, el mensaje que se queda es el de la familia mexicana, todos muegano aunque no nos aguantemos.
    Saludos.

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