¿Cómo nos mienten las noticias?

Publicado el 30 diciembre, 2017

Cuando empecé a laborar en medios de comunicación me contrariaba pensar que el ejercicio del periodismo se parecía al oficio más antiguo del mundo. La diferencia: en lugar de vender caricias se vendía la conciencia, la congruencia. Era más ingenuo entonces.

Creía que existía una verdad tangible ahí afuera que habría que comunicar a la sociedad, una verdad que serviría como faro civilizador que salvaría a la sociedad de su pasmosa inercia. Era más ingenuo entonces.

 

“Lea un periódico, sintonice una estación de radio o encienda la televisión en México y recibirá una avalancha de publicidad oficial. En algunos diarios, casi cualquier página es usada para publicar avisos que promueven alguna secretaría gubernamental. A veces, se destina tanto tiempo al aire a alabar el trabajo del gobierno como a cubrir las noticias”.

-The New York Times

 

El reportaje publicado recientemente por The New York Times 1)https://www.nytimes.com/es/2017/12/25/con-su-enorme-presupuesto-de-publicidad-el-gobierno-mexicano-controla-los-medios-de-comunicacion-pri-pena-nieto/ nos revea el gasto de casi 200 millones de dólares de dólares de dinero público para controlar a la prensa. Estoy seguro que la mayoría ni siquiera podemos dimensionar la cantidad, solo imaginamos que es “bastante”.

 

Empecemos…

El ejercicio gubernamental finca en la opinión pública un interés vital para mantener la credibilidad y la gobernabilidad, por ello interesa tanto a los gobernantes  qué se hable de ellos (y de ser posible que se hable bien). Salir en el horario estelar del noticiero, en la primera plana del diario, en la red social del influencer del momento, todo ello en aras de (intentar) tener parte protagónica en la opinión pública.

Aquí es donde los medios saltan a escena, algunos deslucidos, otros dominantes, otros desquiciados, pero todos con un interés común, además del de informar: como toda empresa lucrativa… ganar dinero.

Es en esta delgada línea entre interesar a la audiencia e interesar a posibles anunciantes, públicos o privados, (fuentes de dinero lícito o ilícito) donde los matices cobran importancia y donde en muchas ocasiones se vende la línea editorial hasta el punto de llegar a groseros travestimos o cínica lambisconería; muchas veces los medios se muestran “maquillados” de inclinaciones políticas, pero en realidad suelen obedecer a cuantiosas facturas mensuales.

 

¿Y la credibilidad?

¿Quién dudaría actualmente de la cercanía de emporios mediáticos nacionales como Televisa o El Universal con la clase política vigente? Basta revisar sus espacios estelares para darnos cuenta.

Los medios de comunicación comúnmente conforman sus agendas informativas obedeciendo a los intereses del patrocinador en turno (las lealtades son con los presupuestos, no con los grupos de poder), lo que incluye no solamente hablar bien del anunciante, funcionario o empresario, sino inclusive campañas de agresión y desprestigio contra los contrincantes.

Otra parte, perversa, de la conformación de las agendas informativas consiste en la provocación para “calentar” o la franca extorsión a los objetivos en mira. Es decir, te pego, te pego, te pego, hasta que me pagues. Tregua y censura a cambio del jugoso convenio publicitario.

No solamente dinero, el poder es un atractivo botín para los corporativos mediáticos, al grado de ser factores relevantes para decisiones estratégicas, como promover candidatos o denostar empresas, entre muchos otros intereses. No es gratuito que los medios de comunicación sean considerados el cuarto poder, después de los tres institucionalmente reconocidos en nuestro sistema democrático.

También hay que decirlo, en las áreas restantes donde no hay conflicto de intereses, queda la oportunidad para que los medios compitan por la atención de las audiencias, con los enfoques más “creativos” que aborden la realidad social. Algo queda para la libertad de prensa, pero poco para una sociedad mayormente desinformada.

prensa ok

¿Y los derechos de las audiencias?

En gran medida relegados por los intereses económicos de las empresas periodísticas, donde la noticia mejor vendida suele ser la que no se publica (entiéndase la censura o la autocensura a cambio del conveniente clientelismo con el poder).

Aun así, debemos reconocer que el monopolio de “la verdad” ha tenido serias fracturas con la irrupción de las redes sociales y nuevas plataformas digitales, que buscan ser alternativas informativas con enfoques más sociales, plurales y de retroalimentación con las propias audiencias, que dejan de ser receptoras pasivas para convertirse en actores protagónicos con voz, juicio e intereses propios y con cada vez mayor conciencia de su capacidad e influencia. Además, hay que reconocerlo, siempre hay una trinchera de medios y comunicadores apegados a su compromiso ético.

Tampoco se trata de pecar de ingenuos y esperar pulcritud y buenas intenciones de grupos de poder cuya principal motivación es justamente mantener sus cuotas de poder. Aquí es donde la responsabilidad ciudadana es decisiva.

Es decir, una sociedad apática a informarse, apática a interesarse en los asuntos públicos, aunado a medios cooptados por intereses propios que dejan de lado el compromiso ético con las audiencias, son caldo de cultivo ideal para reproducir la cultura de enajenación e irresponsabilidad política y ciudadana que, me parece, compartimos todos en alguna medida.

Referencias   [ + ]

Tags: audiencias, censura, Corrupción, Libertad de expresión, medios de comunicación, noticias, periodismo, Política, prensa

Autor: J. Reyes

Homo Sapiens

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