¿Por qué estudiar la cultura pop?

Publicado el 6 enero, 2017

Algo muy curioso está sucediendo con la cultura pop contemporánea. Una máscara proveniente de un cómic y popularizada por una película que realizaron los creadores de Matrix se convirtió en símbolo de protesta alrededor del mundo. Algunas de las series de TV con mayor audiencia a nivel global se caracterizan por su complejidad moral en tonos grises, ya sea por retratar la vida al interior de una cárcel de mujeres o por explorar el miasma de corrupción en las altas esferas del poder estadounidense. La cuarta entrega de una vieja serie fílmica de ciencia ficción posapocalíptica es aclamada como un gran manifiesto feminista, mientras que los supremacistas blancos seguidores de Trump llamaron al boicot contra el último capítulo de Star Wars por considerarlo «propaganda feminista y racismo contra los blancos». Algunas de las caricaturas infantiles más exitosas de los canales de cable incluyen relaciones homoeróticas, cuestionamientos a la autoridad y críticas al orden social. La saga de libros y películas más popular de esta generación trata de una joven de origen proletario que encabeza una revolución contra una oligarquía que manipula a su población a través del espectáculo.

¿Pan y circo, o rebeldía y crítica?

La cultura pop, la de masas, la mediática, ha sido siempre considerada por su misma naturaleza un frívolo vehículo de los valores del orden establecido (“pan y circo”), y ni siquiera a propósito, por oscuros fines de adoctrinamiento, sino que sencillamente para tener éxito con las mayorías había que reducir todo al mínimo común denominador y no generar controversia. Ahora, vemos en la cultura pop más pop pequeñas manifestaciones, si no de rebeldía, sí de crítica, y definitivamente del lado izquierdo del espectro liberal-conservador.

¿Qué está pasando?  Bien puede ser que la cultura mainstream esté absorbiendo y neutralizando esas chispas de crítica y rebeldía. Después de todo, como dicen por ahí, “rebelarse vende” y que hasta la contracultura se puede convertir en un negocio redituable. O bien puede ser que esas semillas de insurrección haya logrado sembrarse por aquí y por allá en los productos de la cultura pop, gracias a una generación que creció con ella y no está dispuesta a soltarla, pero que también ha desarrollado una actitud crítica ante su entorno y su actualidad. Quizá es un poco de ambas cosas. Después de todo, esta generación tan nostálgica que no quiere dejar de ver entregas de Marvel y de Star Wars, es la misma que armó un Occupy Wall Street y un #YoSoy132.

The man is sticking it to the man

En esa gran enciclopedia colectiva que es TV Tropes existe una entrada sobre un fenómeno conocido como “The man is sticking it to the man”, que se podría traducir como “El sistema se está chingando al sistema”. Se refiere a que a menudo el establishment convierte a la rebeldía y sus símbolos en productos de consumo capitalista. Pero también advierte que las mentes creativas detrás de las obras que se venden como cultura pop no son parte del establishment, sino muchas veces personas igual de críticas con él, asalariados después de todo, que logran introducir sus mensajes de rebeldía en esos productos, que los amos corporativos dejan pasar porque, resulta, son muy taquilleros.

Pero además, esto me lleva a preguntarme, ¿qué pasará con esta generación de adolescentes que están creciendo con Los juegos del hambre? ¿Los televidentes (o más bien, netflixvidentes) de hoy desarrollarán una visión más sofisticada de la política o de la ética gracias a House of Cards Breaking Bad? ¿O estos productos simplemente son consumidos como formas entretenidas e interesantes de pasar el rato? Una pregunta que engloba todas las anteriores sería, ¿la cultura pop es un simple reflejo de tendencias existentes en la sociedad que la produce y que la consume o puede de hecho incidir en la forma en la que esa sociedad concibe el mundo?

¿Para qué sirve saber cultura pop?

Alguna vez alguien me preguntó que para qué servía saber sobre cultura pop, y respondí que la verdad no tenía idea, pero que es muy satisfactorio. Desde entonces he estado pensando, ¿por qué vale la pena estudiar la cultura pop? No me refiero a conocer los nombres de todos los personajes incidentales de Star Wars o a saber de memoria todos los hechizos de Harry Potter, sino a estudiar el pop como manifestación cultural de la misma manera en que lo hace un crítico literario o de cine. ¿Tiene algún propósito avocarse seriamente a la comprensión de algo que se considera por su misma naturaleza frívolo e intrascendente?

Wonder Woman (la Mujer Maravilla) es la primera superheroe intencionalmente progresiva.*La Mujer Maravilla es la primera superhéroe deliberadamente progresiva, razón por la que se volvió ícono feminista.

Bueno, hoy propongo algunas respuestas, pero básicamente podemos partir de una: conocer el pop nos ayuda a conocernos a nosotros mismos. La cultura mediática está diseñada para gustarle al mayor número de personas posibles, a diferencia de, digamos, obras de arte pensadas para una élite educada y culta. De cierta forma, el pop es más representativo de su época y de las sociedades que lo producen y lo consumen que muchas otras expresiones culturales. Estudiando las manifestaciones del pop podemos observar los cambios que se dan en nuestras culturas, podemos atisbar tendencias que surgen, triunfan y decaen, podemos ver las transformaciones en nuestras costumbres y valores. De entrada, sólo por eso valdría la pena estudiarla.

westworld-2016-evan-rachel-wood-voz-abierta-a-partir-de-hbo-y-warner-bros*Westworld, un ejemplo de ciencia ficción como vehículo para las reflexiones filosóficas.

Pero la cosa va más lejos: estudiar algo significa intentar comprenderlo más allá de la apreciación superficial y pasiva de lo que se percibe con los sentidos. Es importante aprender a aproximarnos con sentido crítico a lo que consumimos, y en ese sentido quienes tienen más experiencia con ello pueden ayudar a los demás a desarrollar esa facultad para “ver más allá de lo evidente”. De ahí la importancia de la crítica pública de la cultura pop. Mediante ella se puede ir formando un público más crítico, que analice lo que consume de forma más consciente. Esto ha sido obvio en el caso de todas las artes desde hace mucho tiempo, pero la cultura pop había sido dejada de lado, denostada como mero producto de consumo de masas, no diferente a cualquier baratija fabricada en serie, y que por lo tanto no merece más atención de la intelectualidad erudita que para denunciar los bajos niveles a los que se rebaja la sociedad, y quejarse de que no estén todos disfrutando de la “alta cultura” en vez de esas atrocidades.

Los críticos de la cultura pop

Una crítica de la cultura pop no la tira toda de una vez a la basura, como se hacía antaño, o como aún hacen los pretenciosos. Por el contrario, habría que seguir el ejemplo de Umberto Eco, pionero del estudio serio del pop (y gran lector de historietas y novelas de James Bond), y atreverse a conocerla para descubrir sus lenguajes, sus códigos, sus estructuras, sus sistemas de valores, sus potencialidades y todas esas implicaciones que pasan desapercibidas hasta para los mismos creadores. El crítico de la cultura pop no puede ser ajeno a ella, no puede ser el erudito que baja de su torre de marfil para tomarla con pinzas y decir “¡oh, qué cosa tan espantosa!”, pues lo más probable es que solo derrame prejuicios que de nada servirán para comprenderla. El crítico de la cultura pop tiene que haber crecido en ella, pero al mismo tiempo tener las herramientas intelectuales para disecarla fríamente.

Supermán en la portada de Apocalípticos e Integrados, de Umberto Eco.

Un público crítico será capaz de incidir en la dirección que toman los productos culturales de su consumo, y no solamente ejerciendo su derecho a la fruición, sino, en esta era digital, a través de la posibilidad de expresar con toda altisonancia sus opiniones, sus argumentos, sus debates, deseos y repulsiones. En esta época de multidireccionalidad y retroalimentación inmediata, el público está empoderado ante la cultura pop como no lo había estado desde que los creadores dejaron de tener una relación directa con su audiencia y se convirtieron en lejanos artífices de productos para el consumo masivo a través de canales unidireccionales. Así, el público puede contribuir a hacer que los productos de la cultura pop sean mejores, más inteligentes o que reflejen valores positivos (o puede suceder al contrario).

Cultura universal

All David Bowie Pop Culture posters, by Billy Butcher.

Finalmente, para bien o para mal, la cultura pop es la única que tiene el potencial para convertirse en una verdaderamente universal. Cuando de Tokyo a Johannesburgo, de Alaska a la Patagonia, medio mundo (o por lo menos las clases medias y altas con acceso a los medios) conoce Star Wars, ha jugado Super Mario o ha bailado con música rock, se construyen puntos de encuentro potenciales entre personas de muy diversas latitudes y bagajes culturales. La cultura pop tiene el potencial de hacernos más cosmopolitas, de hacernos ver que tenemos mucho en común con los demás seres humanos con quienes compartimos este planeta. El arte siempre ha tenido ese potencial, pero en el pop es aún mayor por su capacidad de infiltrar en donde sea y su relativa accesibilidad.

death-star-explosion

Éste no es un canto de amor y alabanza hacia la cultura pop. Como muchos, yo creo que puede (y por lo general es) frívola y estúpida, y a menudo dañina. También hay que reconocer el peligro de que las más dominantes de estas culturas de masas sean manufacturadas para todo el mundo desde unos epicentros muy reducidos (la anglósfera —en particular Estados Unidos—, Europa occidental y, en las últimas décadas, Japón), que amenazan con empobrecer o suplantar las culturas locales.

Pero nada ganaremos con desdeñarla e ignorar su importancia en el mundo contemporáneo. Necesitamos conocer aquello sobre lo que pretendemos influir. Entonces, ¿cuál será el futuro de la cultura pop? ¿Se estancará en la idiotez y nos dará un futuro como en Idiocracy? ¿Seguirá refinándose y produciendo generaciones de espectadores más críticos y exigentes como ha hecho esta Edad Dorada de la Televisión? ¿Seguirá todo igual? Pues para poder saberlo, y quizá para poder incidir en el rumbo, es que hay que estudiarla a conciencia.

*A través de más de 75 años, Supermán pasó de ser la fantasía de un par de chicos judíos de Cleveland que hacía cómics amateur, a uno de los íconos más grandes de la cultura popular.


Enlaces externos

Miguel Ángel Civeira González nos ofrece más reseñas, ensayos y artículos como este en su excelente blog Ego Sum Qui Sum.

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Tags: Andy Warhol, Breaking Bad, cultura popular, David Bowie, Game of Thrones, House of Cards, Mad Max: the Fury Road, Mujer Maravilla, Orange is the New Black, Star Trek, Star Wars, Steven Universe, Super Mario Bros., Superman, The Hunger Games, V for Vendetta

Autor: Miguel Ángel Civeira González

Bloguero, escritor y friki. Miguel Ángel es licenciado en Letras Hispánicas y profesor de humanidades a nivel bachillerato. Ha publicado textos en diversas revistas y antologías, incluyendo la co...

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