Dragones vs. zombies: El realismo de Game of Thrones

Publicado el 31 agosto, 2017

El domingo pasado se estrenó el final de la penúltima temporada de Game of Thrones, una de las series más populares y aclamadas de esta “Edad Dorada de la Televisión”. También una de las más polémicas y criticadas, y de las que despierta más mame. Basada en la épica e inconclusa saga literaria de George R.R. Martin, A Song of Ice and Fire, ha sido objeto de muchas discusiones sobre sus diferentes aspectos: su fidelidad a la fuente original, su contenido violento y sexualmente explícito, sus implicaciones ideológicas y morales, su calidad narrativa y su consistencia, etcétera.

En esta penúltima temporada, una de las quejas que los fans han manifestado es que se perdió verosimilitud: suceden cosas muy descabelladas, demasiadas coincidencias improbables y contradicciones con lo que ya se sabía. A esto algunos otros responden que “duh, es una serie de fantasía con dragones y zombis; puede pasar lo que sea”.

Por otra parte, ha habido quien desde siempre se ha quejado del exceso de violencia, muertes de personajes queridos y escenas sexuales innecesarias. Esto lo atribuyen al morbo tanto de Martin, como de los creadores de la serie y del público cochambroso en busca de sensacionalismo barato.

A eso responden los apologetas del show que “duh, es que es realismo, goe; así es la vida y la guerra”. A su vez, los críticos reviran “duh, qué realismo ni que ocho cuartos; si puedes decidir que haya zombis y dragones, puedes decidir que no haya tanta pinche violación”.

Dejando de lado a los unikos y diffferentes que son del 10% que nunca ha visto GoT y cuyas opiniones no podrían importar menos, vamos a subirnos al tren del mame y tratar de aclarar estos puntos, en qué consiste su tan cacareado realismo y hacer un balance de esta última temporada. Ojo, que voy a tratarlos como si ya hubieran visto y leído todo. Pues la noche es oscura y está llena de spoilers.

Game of Thrones, Jaime hand, HBO — Voz Abierta

Realismo versus verosimilitud

Realismo se refiere a la fidelidad con la que una obra refleja la realidad del mundo, o sea, si lo que pasa en la obra coincide con lo que sucede o es posible en el mundo real. La verosimilitud se refiere a la coherencia interna del relato, o sea, si lo que pasa en la historia es congruente con lo que se ha establecido en la obra misma.

Una obra puede ser fantástica y verosímil a la vez si respeta sus propias reglas. Por ejemplo, si ya estableciste que en tu obra hay vampiros que se mueren con la luz del sol, no puedes sacar un vampiro a pasear por la playa como si nada y sin dar una explicación. Se rompe la verosimilitud cuando las cosas suceden no como consecuencia de los hechos anteriores y de las acciones de nuestros personajes —que a su vez deben ser coherentes con su personalidad—, sino porque su creador así lo desea.

Existe una complicidad entre el autor y el lector, en la que este último decide suspender su incredulidad para disfrutar de una historia que sabe que no es o no puede ser verdad. Pero las inconsistencias rompen ese contrato tácito; sacan al lector o espectador de la ilusión en la que se encontraba y con ello le quitan algo del disfrute, lo cual naturalmente produce cierto enfado.

En general, Game of Thrones ha sido bastante congruente consigo misma, aunque a lo largo de sus ya muchos años, ha tenido momentos muy bobos que contradicen lo establecido. El problema es que esta última temporada nos ha dado muchos ejemplos así.

En lo personal, se me hace difícil aceptar la velocidad a la que se mueve todo mundo en esta temporada, y no porque yo sepa mucho del vuelo de los cuervos o los dragones, sino porque antes ya se había establecido que las distancias son enormes y que ir de un lugar a otro toma mucho tiempo. Y no es que tengan que mostrarnos todos los pormenores del camino; hay formas inteligentes de hacer elipsis.

Game of Thrones, grayscale, HBO — Voz Abierta
¿Alguien gusta pie de carne?

En casos como ésos, responder “pues es que es una obra de fantasía” es una defensa simplona, perezosa y muy estúpida. Cosas como que Jorah Mormont se curara de lepra incurable con una noche de exfoliación en el spa de Sam es una estupidez que va más allá de toda fantasía. Y “pues hay dragones y zombis” no quita que eso sean pendejadas.

Lo bueno, lo malo, lo realista

Lo que tiene de genial la primera temporada (y el primer libro), es que inicia con un prólogo que te avisa “aquí va a haber magia”. Luego te sumerge en una historia de intriga política y suspenso, en un contexto social que intentaba ser un retrato lo más fiel posible de la Edad Media. Uno sentía que estaba viendo más una obra tipo The Borgias  que una serie genérica de fantasía y aventuras. Al final de la temporada te recuerda que “aquí, además de todo este desmadre, va a haber magia”. En sus mejores momentos esta saga no es precisamente El Séptimo Sello, pero sí se presenta como algo más sofisticado que, digamos, Las Crónicas de Narnia.

Game of Thrones, comet, HBO — Voz Abierta

Desde el punto de vista narrativo, matar a Ned Stark es brillante, y matar a Robb es dos veces más brillante: te deja cimbrado el resto de la historia, sabiendo que tus héroes pueden morir en cualquier momento, y todo el suspenso consecuente es más fuerte. A su vez, eso es congruente con sus pretensiones de realismo.

Pero, ¿cómo se puede hablar de realismo en una serie en la que hay zombis, dragones, magia, elfos y demás? Bien, es que precisamente, Martin eligió ser realista en los asuntos humanos, es decir, en la psicología de los personajes y sus relaciones interpersonales, así como en la dinámica de las sociedades y en el tipo de acontecimientos que pueden ocurrir.

En efecto, Martin se basa principalmente en la Edad Media europea para crear el mundo de Westeros, con sus instituciones, valores, costumbres y creencias. Asimismo, varios acontecimientos y situaciones están inspirados en diversos hechos históricos (sí, hasta la infame Boda Roja está inspirada en la Cena Negra, #TrueStory).

Game of Thrones, Ned Stark, Small Council, HBO — Voz Abierta

Pero lo más importante, Game of Thrones abandona una visión maniquea del bien y el mal típica de la fantasía heroica y en cambio nos presenta un mundo en el que junto al honor y la moral coexisten la traición y el abuso, porque los humanos somos capaces de ambos extremos; un mundo en el que entre los más nobles, como Ned Stark y Ser Barristan Selmy, y los más perversos psicópatas, como Geoffrey o Ramsay, hay muchas personas capaces de distintos grados de honor y de vileza.

Es coherente con esa visión que los buenos a menudo fracasen y los perversos triunfen, aunque eso obviamente no es lo deseable y a nosotros como espectadores nos hace sentir feíto. Más aun, eso implica que cuando llegue el triunfo final del bien —que aunque no lo podemos asegurar en la vida, lo podemos esperar en el arte—, será todavía más emocionante por lo caro que nos ha costado.

Esa complejidad moral, esa sofisticación argumental, ese anclaje al mundo real que poco a poco se va mezclando con la magia y la aventura, son lo que hace de Game of Thrones una obra ambiciosa (aunque no siempre bien lograda), y lo que le ha atraído muchos lectores y televidentes.

Un balance de la séptima temporada

Coincido con muchas de las críticas que se dirigen tanto a los libros como a la serie. Es cierto que Martin se mamó metiendo personajes y subtramas que no era posible llevar a ningún lado (Faegon, por ejemplo, o todo Dorne), complicando innecesariamente la historia en vez de hacerla avanzar, tomándose tiempos larguísimos para narrarnos que un personaje llegue del punto A al punto B, empeñado en mostrarnos todo el mundo y todas las civilizaciones que había creado (muy buen ejercicio de world-building, muy malo de narrativa).

Game of Thrones, Dorne, A Song of Fire and Ice — Voz Abierta

La serie ha tomado muchas veces la decisión correcta de simplificar eliminando personajes y subtramas, y yendo al grano. Pero a cambio a menudo ha sacrificado la coherencia interna, dejando preguntas sin respuesta, haciendo actuar a personajes contra sus características ya conocidas y contradiciendo lo que ya sabíamos de este mundo imaginario, resolviendo cada situación con rescates de último momento y todo para favorecer que la historia avance rápido, o no más por pura rule of cool y fan service.

Por ejemplo, muchos en el fondo de nuestros kokoros queremos que Jon y Daenerys acaben juntos. Pero ese romance se dio de forma apresurada y artificial. Se vieron y se enamoraron y acabaron foshando majestuosamente, todo en un santiamén. Sucedió no como consecuencia de lo establecido en la narración, sino porque es lo que nosotros queríamos que sucediera.

Game of Thrones, Daenerys and Jon, butt, ass, bed HBO — Voz Abierta
No es televisión, es HBO.

Al seguir a los libros, la serie también comenzó a abrir líneas argumentales sobre las que luego se quedó sin respuesta, porque Martin no parece tener ninguna. Es claro que eso ha llevado a los creadores a cerrar lo más pronto esas tramas para poder concentrarse en lo importante. Por desgracia, esa forma expedita no siempre ha sido la mejor y deja preguntas sin respuesta. Por ejemplo, ¿quién gobierna ahora en Dorne, en Altojardín o en Los Gemelos? ¿Qué fue de los caballeros sureños que acompañaban a Stannis y lo abandonaron al final? ¿Qué pasó con la bandita de Berric Dondarrion? ¿Qué sucede en el imperio oriental de Daenerys?

Meñique hace rato que no tiene nada que hacer aquí. Sus motivaciones ni siquiera tienen mucho sentido. ¿Por qué entregó a Sansa a los Bolton? ¿Por qué luego envió a los Caballeros del Valle a rescatarla? ¿Qué pretendía? Ya controlaba el Valle, podía haberse quedado allí con Sansa. ¿Quería controlar Invernalia también?

Game of Thrones, Littlefinger and Sansa lead the knights, HBO — Voz Abierta

Como es un villano y la serie ya no sabía qué hacer con él, decidieron matarlo. Para eso, se inventaron una línea argumental súper de flojera en la que trata de poner a Arya contra Sansa, y cuyo único propósito es al final matar a Meñique. Bueno, por lo menos le dieron alguna utilidad a Bran, un personaje que es literalmente omnisciente y que no había dado ni una sola información útil hasta entonces.

No es que antes todo fuera perfecto, pero los errores eran más esporádicos, sutiles y fáciles de obviar. La serie ha tenido sus momentos muy pendejos, que han sido señalados, criticados y pitorreados puntualmente por los fans. Y siempre ha habido mucho, mucho relleno. Es sólo que esta última temporada ha sido pródiga en ellos, junto con las violaciones a la coherencia interna y la sobresimplificación.

Valar verghulis la vida

Pero luego recuerdas la situación en la que se quedó el último libro y dices “ay, por R’hllor”. ¿De verdad cambiaríamos a Beric Dondarrion luchando contra zombis con su espada de fuego para tener de vuelta a Lady Stoneheart? La línea argumental de Sansa en Invernalia no tiene sentido, pero ¿la cambiaríamos por saber lo que le sucede a Jayne Poole y a la niña Karstark? Hey, ¿recuerdan a Penny?

Sí lamento que algo se ha perdido de las primeras temporadas a las últimas: la complejidad moral y la sofisticación argumental. Se siente como una serie menos sorprendente, más simple y —sonará mamón— menos inteligente en general.

Game of Thrones, Drogon dothraki, HBO — Voz Abierta
Clash of Clans.

A cambio está más espectacular y emocionante que nunca. Recompensa a sus fans por la fidelidad que le han tenido a través de momentos ingratos y oscuros. De cierta forma, está más enfocada y por primera vez queda claro hacia dónde va. Se ha vuelto más palomera, pero lo palomero puede ser muy disfrutable, y habrá quien piense que es mejor triunfar siendo sencillos, que ser muy ambiciosos y hacerse bolas. Lo cierto es que sigo disfrutando mucho de Game of Thrones y que se ha convertido en una de mis obras pop favoritas.

Sin duda la saga ha dejado una huella en esta generación, creado escuela, elevado la barra de lo que podemos esperar de una historia de fantasía, y dado muchas, pero muchas emociones fuertes. Que al fin y al cabo eso es lo que buscamos en una buena historia, ¿no? Que nos haga sentir con intensidad.

Game of Thrones, Drogon lannister tarly, HBO — Voz Abierta


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Miguel Ángel Civeira González nos ofrece más reseñas, ensayos y artículos como este en su excelente blog Ego Sum Qui Sum.

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Autor: Miguel Ángel Civeira González

Bloguero, escritor y friki. Miguel Ángel es licenciado en Letras Hispánicas y profesor de humanidades a nivel bachillerato. Ha publicado textos en diversas revistas y antologías, incluyendo la co...

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