Hipócrates y los medicamentos “patito”

Publicado el 9 febrero, 2017

Hacia finales del siglo V a. C., Hipócrates escribió el famoso juramento que distingue a su gremio hasta la fecha. El médico de la isla de Cos invirtió su palabra en nombre de Apolo, Asclepio —también conocido como Esculapio, un dios que sostiene, de acuerdo con la iconografía que se ha producido con base en su figura, un báculo con dos serpientes enredadas alrededor y que hoy día supone uno de los símbolos más conocidos de las instituciones de salud—, Higía, Panacea y todos los otros dioses que estaban sentados en el panteón griego.

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En dicho juramento, Hipócrates se pronunció en favor de la vida: aseguró que lucharía por aprender cada vez más a fondo los secretos de la medicina y que, asimismo, procuraría transmitir sus conocimientos a las generaciones futuras; que recomendaría los tratamientos dietéticos antes que las intervenciones quirúrgicas; y que se abstendría de ver los cuerpos de sus pacientes como objetos de deseo sexual. Por lo demás, Hipócrates señala, al pie de la letra, lo siguiente:

No daré a nadie, aunque me lo pida, ningún fármaco letal, ni haré semejante sugerencia. Igualmente tampoco proporcionaré a mujer alguna un pesario abortivo. En pureza y santidad mantendré mi vida y mi arte.1

Desde la Antigüedad clásica, pues, la responsabilidad de los médicos es tal que su observancia debe estar acompañada, a fortiori, de un compromiso ético de grandes magnitudes. A la luz de lo expuesto, los casos de Veracruz y de Guanajuato, donde se presume fueron suministradas quimioterapias falsas (compuestas de simple agua destilada) y dosis de insulina apócrifa, son, por lo menos, inhumanos y monstruosos. Ahora el Estado mexicano, a través de sus dependencias de salud federales y estatales, deja en claro que no sólo es incapaz de resguardar la vida de la población sino que, además, está dispuesto a atentar en su contra.

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(Imagen de Sociedad 3.0)

Hipócrates ofrece dos explicaciones posibles a propósito de este lúgubre panorama: 1) tal vez la administración pública del país, de Veracruz y de Guanajuato, ha sido secuestrada por gente sin escrúpulos y por mercenarios; o 2) quizá simplemente la medicina, que nació como una práctica libre, una vocación, no puede estar subsumida a estos enormes aparatos burocráticos, que terminan por corromperla y deformarla. Si alguien me lo pregunta, ambas explicaciones son altamente probables.

 

Notas

1 Hipócrates (1983). “Juramento”, en Tratados hipocráticos, Tomo I. Trad. C. García Gual, M. Lara Nava, J. López Férez, B. Cabellos Álvarez. Madrid, España: Editorial Gredos, p. 77.


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Tags: Corrupción, corrupción médica, Guanajuato, Hipócrates, Javier Duarte, Veracruz

Autor: Francisco Gallardo Negrete

De Pénjamo. Maestro el Literatura Hispanoamericana y filósofo....

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