Howard Hughes: un aviador con obsesión compulsiva

Publicado el 17 noviembre, 2016

El increíble Howard Hughes, como lo nombró su ayudante y brazo derecho en los negocios, Noah Dietrich, estaba obsesionado con muchísimas cosas: con el extraordinario mundo de la aviación, con los gérmenes que circundaban su espacio personal y hasta con su propia orina, anaranjada y espesa. Uno de los hombres más adinerados del mundo, tenía contratos con el gobierno de los Estados Unidos de América para diseñar y construir una aeronave de proporciones épicas o, mejor dicho, apocalípticas, el H-4 Hércules; pero lo que más deseaba era en el fondo, hacer películas. En su interior, un campo de batalla inmenso, el homo ludens libraba una poderosa batalla contra el homo economicus y, en el año de 1927, no obstante el feroz descontento de sus padres, Howard empezó el rodaje de Los ángeles del infierno.

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Hughes y el cine

Como productor cinematográfico, Howard no era precisamente un novato, un principiante. Su figura y sus influencias estaban detrás de varias cintas, verbigracia: Swell Hogan (1926), Everybody’s Acting (1926) y Two Arabian Knights (1927). Pero quería dar el siguiente paso: aspirante a director, estaba dispuesto a invertir cantidades ingentes de sus arcas privadas en su nuevo proyecto; por lo pronto, tenía en mente un millón de dólares. Pronto abandonó su mina de oro, la Hughes Tool Company, y se mudó a Oakland, donde buscó paisajes propicios para su cinta: sin nubes. Compró múltiples aviones de guerra, alquiló un hangar y vio cómo sus egresos excedían lo previsto; entre sueldos, gastos operarios y cobertura de pólizas de accidente (hubo varias bajas en su elenco, como si sus integrantes de verdad hubieran estado combatiendo en la Primera Guerra Mundial), Howard amenazaba con dilapidar su herencia familiar. A mitad de camino, por si fuera poco, se atravesó el cine sonoro, a la usanza de un animal que cruza la carretera.

Entonces Howard frenó su impulso creativo, derrapó en el resbaladizo asfalto de la imaginación y, una vez que comparó lo que su película era con lo que podría llegar a ser, decidió reiniciar la grabación a fin de dotarla de sonido. Víctima de oscuros pensamientos recurrentes, consumido por un severo trastorno de obsesión compulsiva, duplicó el tiempo de la filmación y su osadía financiera generó una inmensa preocupación en sus socios, amigos y familiares. En una amplia biografía que dedicó a su persona, carente de atributos literarios pero rica en detalles íntimos, Noah Dietrich apunta: “Howard había puesto todas sus esperanzas (y 3 500 000 dólares) en Hell’s Angels.

Es cierto que para los tiempos que corrían (la depresión estaba en su apogeo), la película rindió bastante dinero, mas no lo suficiente para compensar la inversión, y le produjo una pérdida de 1 500 000”.Debido a la mínima rentabilidad de Los ángeles del infierno, Howard no produjo ni dirigió ninguna otra película con temática de aviación y, salvo The Dawn Patrol (1930), de la Warner Brothers, ésta quedó relegada del cine norteamericano durante la próxima década.

Notas:

(1) Dietrich, Noah (1976). El increíble Howard Hughes. Trad. Margarita Álvarez Franco. México: Lasser Press Mexicana, p. 176.

Tags: Howard Hughes, Los ángeles del infierno, Noah Dietrich

Autor: Francisco Gallardo Negrete

De Pénjamo. Maestro el Literatura Hispanoamericana y filósofo....

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