Al ritmo que va Trump, ‘impeachment’ será la palabra del año

Publicado el 15 febrero, 2017

Desde que Donald J. Trump resultó electo, ‘impeachment‘, con miras a su destitución, es la palabra en boca de todo el que tiene noción de cómo funciona la política estadounidense. Y para el resto, sería bueno comenzar a familiarizarse con ella, pues  no sólo pinta para ser el centro del circo mediático de la década, sino también como la solución menos radical para el caos que Trump representa. Pensar que el Congreso intentará destituirlo para estabilizar a los Estados Unidos es una apuesta segura.

El significado de impeachment

Entonces, ¿qué es impeachment? En español no existe una palabra equivalente, pero se traduce como ‘juicio político‘, o con mayor exactitud “proceso de destitución por prevaricación”. Impeachment, en inglés antiguo ‘empeachmet‘, proviene del francés empêchement, y este del latín impeditio, originalmente hacía referencia al “encadenamiento de los pies”.

Impeachment y la Constitución de los Estados Unidos

«El Presidente, Vicepresidente, y todos los funcionarios civiles de los Estados Unidos serán separados de sus puestos al ser acusados y declarados culpables de traición, cohecho u otros delitos y faltas graves.» —Constitución de los Estados Unidos, artículo II, sección 4.

Para algunos, la idea de que el congreso le haga un impeachment al presidente Trump puede sonar exagerada, pero no tanto como los sonaba hasta hace poco más de un año, la idea de que un loquito como él llegase a la presidencia de EEUU . Por esta razón muchos medios ya comienzan a verlo como una apuesta segura.

Hay que recordar que el mismo proceso se dio hace veinte años con Bill Clinton por razones superfluas, y fue la razón por la que Nixon renunció hace 42.

«¿Cuál era la práctica antes de esto en los casos donde el jefe magistrado se volvió irritante? Pues en recurso que se tenía era el asesinato, en el que no sólo era privado de su vida, sino de la oportunidad de reivindicar su carácter.» —Benjamin Franklin.

Alexander Hamilton y Benjamin Franklin —Voz Abierta
Alexander Hamilton y Benjamin Franklin en Escena en la firma de la de la Constitución de Howard Chadler Christie, 1940.

Si alguien en la vida es irritante, ese es Donald J. Trump. Siendo una máquina de crear enemigos y cometer errores legales; separarlo de la presidencia no sólo no sería sorprendente, sino que es completamente predecible. Las otras maneras de lograr esto incluyen magnicidio y golpe de estado, por lo que un impeachment sería el escenario menos riesgoso para la seguridad y la estabilidad democrática. De hecho, esa fue precisamente la intención de Benjamin Franklin y los padres fundadores de los Estados Unidos al incluir esta práctica en la Constitución. Ellos querían una alternativa al asesinato.

El impeachment cambia la muerte literal (un acto barbárico sin control), por una muerte política a través  de un consenso. En un artículo casualmente reciente, el Instituto Smithsoniano nos ha recordado que asesinabilidad no solo es comparable con impeachability, sino que es el criterio implícito para que suceda. Por esa razón ha sido llamado «el arma más poderosa en el arsenal político después de la guerra civil».

Los padres fundadores tomaron el concepto del Parlamento Inglés, en el que era una herramienta útil para limitar a los ministros del rey desde el siglo XIV, y de Roma, el cual se aplicaba a los senadores, pero no al emperador. La diferencia es que ellos decidieron hacerlo aplicable a su jefe de estado.

Los impeachments de Johnson, Clinton, y Nixon

Bill and Hillary Clinton, sex with that woman, Impeachment —Voz Abierta
«Yo no tuve relaciones sexuales con esa mujer.» —Bill Clinton

Hasta ahora, sólo dos presidentes han llegado a juicio político: Bill Clinton en 1998 y Andrew Johnson en 1867. Para que el presidente resulte culpable, dos tercios del senado deben juzgarlo así. En el caso de Clinton, pese a que el es demócrata y en el senado la mayoría era republicana, no estuvo ni cerca de ser culpable. Johnson es otra historia.

Andrew Johnson fue el vicepresidente demócrata (confederado) de Abraham Lincoln, quien era republicano pero lo escogió como su compañero de campaña para unificar al país tras la Guerra Civil. Cuando Lincoln fue asesinado, Johnson asumió la presidencia. Casi como sucede con Trump, sus órdenes ejecutivas fueron impopulares, por lo que enajenó tanto a republicanos como a demócratas, que usaron un despido como pretexto para mandarlo a juicio. Aunque la animosidad en su contra era fuerte, el caso resulto débil. Al final del proceso, estuvo a un voto de que dos tercios del senado lo declaren culpable. Aunque exonerado, Johnson continuó siendo impopular, por lo que no logró ser nominado como candidato presidencial para el siguiente término.

Impeachment of Andrew Johnson —Voz Abierta
Tras el asesinato de Lincoln, Andrew Johnson dijo «me siento incompetente para hacer las labores tan importantes y responsables
como las que han sido arrojadas a mí tan inesperadamente». El congreso estuvo muy de acuerdo con él.

Pese a que los dos presidentes que llegaron a juicio político fueron absueltos, el proceso tiene un peso político. Tras el escándalo de Watergate, se solicitó el juicio político de Richard Nixon, quien consideró tan escaso su chance de ser declarado inocente, que renunció a la presidencia para que su vicepresidente, Gerald Ford, lo absolviera al asumir el cargo.

De los tres procesos podemos sacar varias conclusiones. Para que se lleve a cabo un juicio político a un presidente de los EEUU se necesita un motivo político de coyuntura, y una acusación o pretexto. La votación tiende a darse de acuerdo a la bancada de cada senador; los que pertenecen al mismo partido político que el presidente, tenderán a absolverlo, a menos que el motivo político les afecte o  la acusación sea muy grave. Clinton no estuvo ni cerca, con Johnson tenía un motivo político muy fuerte en su contra, y Nixon no le vio salida.

Nixon Quits —Voz Abierta
«Un hombre no está acabado cuando es derrotado. Está acabado cuando renuncia.» —Richard Nixon.

El impeachment de Trump

Hay buenos puntos de partida para que la presidencia de Donald Trump concluya en su impeachment. El motivo real es muy simple: está loco. Sus comentarios y acciones molestan a la población, pone nerviosos a los encargados de la defensa de EEUU, van en contra de los ideales de los congresistas demócratas, y hacen ver mal a los congresistas republicanos.

Desde su primer día en la presidencia, la anormalidad se ha vuelto la norma en EEUU. Donald Trump se pelea con negocios internacionales, insulta jefes de estado, amenaza grupos enteros, descalifica leyendas de los derechos civiles, firma ordenes ejecutivas ilegales, dañinas y mal redactadas, amenaza jueces, antagoniza a la Comunidad de Inteligencia, se ha rodeado por el gabinete más incompetente de la historia, mezcla negocios personales con política nacional, le permite mayor cercanía a sus clientes, maneja información clasificada en público, miente a diestra y siniestra en público y le pide a sus representantes que hagan lo mismo, rechaza inteligencia y se informa viendo televisión con opiniones de derecha.

Tanto ciudadanos como funcionarios despiertan todos los días porque no saben que escándalo esperar y cómo les puede impactar. En este punto, sería sorprendente que el Congreso no le haga un impeachment. El costo político de no hacerlo sería tremendo.

Cuando se dé el impeachment, el voto demócrata en su contra es inminente, aunque son la minoría. Sin embargo, los congresistas republicanos también tienen mucho que ganar. Porque Trump representa a su retrógrada interno, es demasiado impulsivo, descontrolado, y extremista. Los hace ver mal como parte del partido, y los humilló directamente en las elecciones primarias; ofendiendo con insultos a muchos de sus personajes más emblemáticos.

Aunque Trump coincida con el espíritu anti ambientalista y pro monopolios de los Republicanos, muchas de sus políticas, como el freno a la inmigración legal, o los impuestos a las transnacionales, no sólo se opone a ellos, sino a patrocinadores como los hermanos Koch.

Si Trump resulta destituido, su reemplazo sería el vicepresidente Mike Pence, un republicano con trece años de experiencia y contactos en la Cámara de Representantes. Sabe jugar en equipo, se comporta como un político normal, y comparte sus ideales (para pena del resto del mundo), por lo que resultaría ideal para ellos como presidente.


«Bing bing, bong bong bong, bing bing.» —The Donald.

Esa es la coyuntura política que dictará el resultado del impeachment, pero ¿qué hay de la acusación en si? Bueno, punto y aparte de los conflictos de interés económico de Trump (quien tiene negocios con muchos países), o de los constantes errores legales de su administración; el motivo más fuerte es y sería la seguridad nacional. La Comunidad de Inteligencia tiene tal temor de las relaciones de la actual Casa Blanca con Rusia, que evita suministrarle información clasificada.

Tras la renuncia de Michael Flynn como asesor de seguridad (debido a que compartió información clasificada con Rusia), varios miembros de la Comunidad de Inteligencia de EEUU han revelado que muchos de los asesores de campaña de Donald Trump estuvieron en contacto con oficiales de inteligencia rusa un año antes de las elecciones. El reloj avanza y el escenario sólo se pondrá peor para el presidente menos apto y popular en la historia de los Estados Unidos.


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Tags: Alexander Hamilton, Andrew Johnson, Benjamin Franklin, Bill Clinton, Donald Trump, Impeachment, Michael Flynn, Mike Pence, Richard Nixon

Autor: Armando E. Torre Puerto

Aprendió a escribir palabras usando letras. En Voz Abierta, hemos hecho nuestro mejor esfuerzo por detenerlo, pero es que está bien terco.  ...

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