El Parque de Kalia, o una discusión que creí superada

Publicado el 25 abril, 2017

Hace 22 años, en julio de 1995, asumí la alcaldía de Mérida. 

Recibimos el Ayuntamiento en medio de la mayor crisis económica en los últimos 80 años, sin recursos, y con muchas demandas de los ciudadanos, que como sucede cuando sus peticiones son atendidas, exigen más. Cuatro años de los ayuntamientos de Ana Rosa Payán Cervera y de Luis Correa Mena los habían bien acostumbrado a exigir respuestas a sus demandas.

La oportunidad en la demanda ciudadana

Con una gran cantidad de calles construidas —especialmente en las zonas populares—, minimizado el problema de los baches por un trabajo de cuatro años de intenso bacheo y un año de muchas repavimentaciones de Luis Correa, reducida dramáticamente las zonas que se inundaban por días después de las lluvias, la mayor demanda de los meridanos era la de los terrenos baldíos, especialmente de los grandes espacios enmontados que eran refugio de malvivientes, tiraderos de basura, criaderos de alimañas, en fin, zonas de inseguridad.

El deseo de responder a la demanda ciudadana, el difícil reto de superar a las dos administraciones que me precedieron, y la escasez histórica de recursos por el “error de diciembre” nos llevaron a ser un ayuntamiento innovador. En esa búsqueda de nuevas y mejores maneras de resolver los problemas, encontramos en la demanda de limpieza de los terrenos baldíos una oportunidad.

En aquellas épocas, la manera de atender el problema era mandar cuadrillas de trabajadores para chapear el terreno, cargar los restos de maleza y la basura en un camión, y llevarlos a tirar al basurero, para regresar a hacer la misma acción al cabo de cuatro o cinco meses, según la intensidad de las lluvias y de los reclamos vecinales, dejando siempre terrenos sin atender.

Esa era una batalla perdida, era un círculo vicioso perfecto: terrenos enmontados, invitaban a tirar basura; mientras más monte, más basura, y se necesitaba más gente y camiones, y mientras más gente y camiones, mayor costo para el ayuntamiento y menor capacidad de responder ante la demanda.

«Si no tienen pan, que coman pasteles»

En búsqueda de romper el círculo vicioso y responder la demanda ciudadana, llegó una idea que fue considerada una estupidez por varios de los expertos del tema: el uso de un artilugio de reciente aparición en Yucatán, la desbrozadora, esta herramienta que usa un cordel girando a gran velocidad para podar el césped, hoy muy utilizada en parques y avenidas.

Desbrozadora —Voz Abierta

La idea mariantoniesca «si no tienen pan, que coman pasteles», la convertimos en «si no podemos con la hierba de los baldíos, hagamos jardines». Es decir, en vez de ir a chapear y limpiar cada cuatro o cinco meses, si bien les iba, la nueva propuesta era hacer una buena limpieza, despedrar, y desenraizar lo más posible, poner zacate “indio” tirarle un poco de tierra encima en épocas de lluvia y esperar que el zacate enraizara y quedara firme para pasarle la desbrozadora cada cierto tiempo para no permitir que las hierbas crecieran. Y ya teníamos un jardín rústico.

La audaz idea que parecía insostenible económicamente, demostró rápidamente su viabilidad en todos sentidos. Si bien dejar el terreno a modo tenía cierto costo, más o menos el de tres chapeadas dependiendo el terreno. Después venían una serie de ventajas que pagaban con creces el cambio de método.

Un trabajador con su desbrozadora puede podar la misma área que 10 personas limpiando un terreno enmontado, lo que significa que aunque mantener el zacate necesite atención mensual, utiliza dos veces menos mano de obra que una desmontada cada 5 meses, con las ventajas adicionales de que, si se hace mensual, no hay que recoger el desperdicio pues se reintegra a la tierra de forma holística, y que cuando hay pasto en vez de un lote lóbrego, la gente deja de tirar basura o por lo menos tira menos con lo cual el apoyo de vehículos y gente es mucho menor, reduciendo los costos sensiblemente; convirtiendo en una enorme ventaja la de mantener el pasto y no permitir que se enmonte.

Un nuevo tipo de parque

Pronto muchas áreas empezaron a cambiar. Primero bajo las torres de alta tensión en Brisas, Pacabtún, y Granjas; después grandes lotes baldíos como lo que hoy son el Parque Ecológico del Poniente y el Aquaparque. Después vimos un área de oportunidad en múltiples áreas municipales destinadas a parques, pero que el Ayuntamiento no tenía capacidad de construir.

Aquaparque —Voz Abierta

La de construcción de parques era otra de las grandes demandas ciudadanas. Desde la llegada de Ana Rosa Payán a la alcaldía, habíamos triplicado el número de parques en la ciudad. El saber que en la colonia vecina ya contaba con un flamante parque y que el ayuntamiento respondía a las peticiones ciudadanas, llevó a muchos grupos a exigir la construcción de un parque en su colonia o fraccionamiento, la gente exigía cada día más y la demanda se multiplicó. Además de la alta demanda de nuevos parques, el éxito de esa explosión de construcción, nos trajo otro problema, pasamos de parques sobreutilizados, con exceso de gente —especialmente para los espacios deportivos, donde era común ver largas filas de jóvenes esperando turno para las retas, o en la misma cancha grupos jugando partidos diferentes entorpeciéndose entre ellos—, a parques subutilizados. Al haber varias opciones de parques y otras actividades (en esa época, la TV; ahora, el Internet), ya no había gente suficiente con quien convivir, desaparecieron los grupos de jóvenes esperando por la reta, ni siquiera gente suficiente para jugar un partido, ya no llegaban otras mamás con quien conversar mientras los hijos jugaban y muchos parques estaban vacíos.

Parque hudido Mérida —Voz Abierta

Al ver que la multiplicación de parques no siempre promovía la convivencia vecinal, ante la clara necesidad de que Mérida, una ciudad calurosa que cada día tiene más cemento y menos árboles, decidimos replicar nuestro sistema de jardines y buscar un nuevo tipo de parque; menos cemento, más áreas verdes, y más árboles, buscando triplicar las áreas verdes públicas en un solo trienio.

Diseñamos parques con más jardines y árboles, eliminamos cemento, y bajamos costos.

El consentimiento público

Y ardió troya. Lo que nos parecía totalmente lógico, parques arbolados, sin tanto cemento, a la gente no le parecía tan lógico; querían un parque igual a los tradicionales de Mérida. Lo que más reclamos causaba era la desaparición de la plaza cívica. Protestas, motines, amenazas con linchar a los funcionarios, «¡un parque sin plaza cívica, no es parque!», reclamaban airadamente. Molestia en cierta forma natural ante el cambio y sentir que se les daba algo menos valioso que a sus vecinos, pero también promovida por motivos partidistas.

Parque de la Colonia Alemán —Voz Abierta

Largas horas de muchas noches dediqué a convencer que necesitábamos más áreas verdes y árboles que plazas cívicas de cemento destinadas a homenajear a quien sabe que héroe, muy probablemente de inventada reputación.

Al final tuvimos éxito, la gente los empezó a aceptar, más áreas verdes, pasillos para correr, y canchas de basquet o futbol, con un menor costo. La demanda creció, la baja de costos por la reducción de cemento nos permitió hacer más, la gente se olvidó de la plaza cívica, y ya nos pedían «queremos un parque como el de tal colonia, con muchos árboles».

“Parque de peso”

Tanto fue el éxito que empezamos a hacer en los pequeños terrenos baldíos, propiedad del Ayuntamiento, lo que nosotros llamábamos “parques de peso” en cuchillas o en cualquier área en algunos casos , especialmente en el norte de la ciudad, en terrenos amplios, con un costo mínimo, digno de su nombre, hacíamos un parque, un arenero con sus juegos, bancas, algún sendero por ahí, jardín de pasto indio, y árboles, muchos árboles.

Kalia, antes —Voz Abierta 06

Uno de esos “parques de peso” es precisamente el de contra esquina de Kalia. Fue una de nuestras últimas obras. Chapeamos, dejamos los árboles que había, o mejor dicho arbustos, sembramos algunos arbolitos, tiramos pasto, tierra, y un sendero para caminar de saskab, y quedó en vez de un monte con basura, un área verde digna. Posteriormente, algún ayuntamiento le hizo algunas cosas más, entre ellas, una pequeña plancha de cemento, en la que posteriormente se instaló un taquero con mucho éxito.

La controversia del parque Kalia

Hoy ese parque es el centro de una controversia, muchos ciudadanos protestan y creo que con razón que en su humildad de “parque de peso” el parque cumplía bien su función de ser un área verde de la ciudad.

Me uno a las voces que señalan que la renovación con mucho cemento, con pasto sintético, y gasto millonario es un grave error.

Kalia, concreto y asfalto —Voz Abierta 02

Aunque en el caso del alcalde Mauricio Vila, más vale equivocarse por hacer —y es que se está haciendo mucho—, que no equivocarse por nadar de muertito y no hacer nada. Ojalá que en las muchas obras que hoy hace el Ayuntamiento, este sea el prietito en el arroz y no una costumbre recurrente.

Que al final de cuentas los errores, que siempre habrá, sean los menos y los aciertos los más.


Acerca del autor

Patricio Patrón Laviada foto de perfil.
Patricio Patrón Laviada, ciudadano consciente y ex-gobernador de Yucatán.

Imágenes y edición: Armando E. Torre Puerto.


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Enlaces externos

Pensé que queríamos parques con áreas verdes que eviten el calentamiento de la ciudad! NO planchas de CONCRETO!!!!

Posted by David MieryTeran on Monday, April 10, 2017

Tags: Aquaparque, Parque de Kalia, Parque Ecológico del Poniente, Patricio Patrón Laviada

Autor: Patricio Patrón Laviada

Ciudadano consciente y ex-gobernador de Yucatán...

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