El kapok, nieve de las ceibas

Publicado el 25 marzo, 2017

Esta semana, las calles de Mérida tuvieron algo en común con las de Nueva York: una cobertura blanca caída del cielo. Claro, mientras la de ellos fue producto de una violenta y fría tormenta, la de nosotros fue un gentil regalo de las ceibas llamado kapok.

Dos nevadas norteamericanas

Nuestros vecinos al norte de México, en particular los del noreste estadounidense, vivieron una nevada muy inusual para mediados de marzo. Stella, como le llamaron a la tormenta de nieve, fue dura y gélida. En distintos lugares, se acumularon hasta 91 cm de nieve.

Mientras tanto, en Yucatán, hemos estado recibiendo algo de clima fresco. Desde el 14, la temperatura ha variado entre unos agradables 14 y 33° C, cuando lo normal es entre 20 y 35° C. Dista mucho del clima con nieve de Nueva York, pero de cualquier forma, las ceibas se han encargado de adornar de blanco nuestro paisaje.

 

Nieve de Ceiba Meridana 2, por Armando Torre Puerto —Voz Abierta

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«Son dos cosas totalmente distintas, pero un mismo color ante nuestros ojos», observó una amiga. Como buen necio, de inmediato pensé que la de la ceiba es un poco más cafecita, pero luego me acordé de que, tras un ratito de tráfico y mascotas, la de Nueva York también. La comparación sigue en pie.

Un paisaje inusual

Aunque las ceibas son un árbol emblemático de nuestro medio —tema de admiración y de leyendas— la costumbre puede nublar nuestro asombro. Son parte de nuestro paisaje diario, por lo que se pueden perder en nuestras mentes, ahogadas entre nuestras urgencias, peripecias, desventuras, y necedades de casi cualquier día. La excepción, sin embargo, son las semanas como esta, en las que cubren de blanco varios rincones de la ciudad con la velocidad del viento.

Maravillados, tal vez con alguna idea, muchos nos preguntamos de qué se trata este regalo de la naturaleza. Les comparto un poco de la información que he encontrado. Pero no sin antes unas palabras de J. Reyes —nuestro poeta residente en Voz Abierta— para cautivarnos un poco más en el asombro y la emoción de este espectáculo.

La nostalgia de una obstinación

Baja en multitud desde los trece cielos,
inflamable, algodonosa y ligera,
la semilla que el inframundo espera
entre cálidas terquedades y anhelos.

Fecundidad perenne a mil tormentas,
que en fango u hostil asfalto,
geocéntrico temperamento,
halla improbables posibilidades abiertas.

Estética agreste y obstinada,
puebla las aceras delicado tejido,
alfombra blanquecina de vida,
promesa de una nostalgia, un quejido.

Ceiba, gigante vegetal y espinoso
de ascendencia maya sagrada,
de talle y garbo portentoso
raíces, savia tinta, tanta nada.

De milenaria memoria guardián,
del trópico tabasqueño a Yucatán
la mujer ceiba y la Ixtabay van,
enigmáticas ninfas que cantan
a los perdidos encontrarán.

—J. Reyes

Kapok

El fenómeno que las ceibas nos regalan se llama dispersión, y su objetivo es esparcir la semilla y perpetuar su especie. Las bolitas de lo que pareciera lana o algodón sedoso, son una fibra de celulosa llamada kapok —aunque en Yucatán, nuestros abuelos le suelen decir pochote. 

 

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Como su floración es nocturna, aunque las abejas y polillas ayudan, los campeones polinizadores de las ceibas son los murciélagos, quienes usan su pelo en pecho (y panza) para transportar polen sin darse cuenta. Tras esta sinfonía de colaboración entre especies, cada ceiba produce entre 600 y 1,500 frutos, 72,000 y 262,500 semillas, y 3 y 4 kilogramos de kapok.1

Ahora, algo de física: El kapok flota 5 veces más que el corcho, es 8 veces más ligero que el algodón, resiste al agua, aísla del ruido y temperatura, y es sumamente inflamable. Para la ceiba, es un vehículo que usa viento para trasportar las semillas que lleva en su centro. Para nosotros, los humanos, es un producto cultivable, útil, y no alergénico que comercializamos como relleno de almohadas, cobertores, explosivos, y en el pasado, asientos de autos, y salvavidas.

Universo de kapok

La ceiba es un árbol venerado por varias culturas prehispánicas. Juega un papel central en el Popol Vuh y la cosmovisión maya que la conoce como Yaxché (‘árbol verde’). Según la leyenda, el inframundo, Xibalbá, se encuentra en las raíces de una ceiba plantada por los dioses en el centro del universo; la tierra, Kab, se encuentra en su base, y el cielo, morada de los dioses y el quetzal celeste, está sostenido por sus ramas.

No puedo evitar preguntarme qué papel juegan las nubecitas de kapok en el plano celestial. ¿Serán los dioses los que se reproducen?

Universo maya, Ceiba, Xilbabá, Kab —Voz Abierta

Aunque en el continente yucateco estemos acostumbrados a pensar en la ceiba como nuestra, la compartimos con muchos otros países. En México se le conoce como pochote, palabra que aquí usamos para la fibra que produce. En Guatemala, Puerto Rico, y Guinea Ecuatorial es el emblema nacional. En Sierra Leona, es quizá donde su fibra causa mayor impresión ya que ahí se le conoce como el ‘árbol de algodón.

Mapa de la distribución mundial de las ceibas —Voz Abierta, vía Discover Life

Si el shock emocional de descubrir que no somos el único continente con ceibas no fuese suficiente,
este mapa también revela que Yucatán no es un continente, sino una península… ¡en México!… Quién diría.
Vía Discover Life.

La ceiba se da naturalmente en México, el Caribe, Centro y Sudamérica, y algunos países del occidente de África. No se ha determinado exactamente como llegó a África, pero la civilización la ha llevado a darle la vuelta al mundo, en especial en tierras de clima tropical, donde las cultivan para cosechar el kapok y las semillas, de las que sacan aceite comestible.

Los esclavos africanos en América creía que las almohadas de kapok les daban buena suerte y sueños sobre su tierra natal. Sin embargo, para los africanos de Ghana, creía que los malos espíritus vienen de las hojas y corteza de la ceiba.

 

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La leyenda por contar

Busqué sin suerte cualquier mito, leyenda, o creencia de distintas culturas sobre el kapok, pero no encontré mucho. No me sorprende no haber encontrado alguna que lo haya comparado con la nieve, sino con la reproducción. La ceiba sólo se da naturalmente en medios tropicales, para goce de culturas que desconocieron el clima templado de tierras como la de Manhattan, pero estuvieron muy familiarizadas con la fertilidad de las plantas de su tierra.

Parece que a nadie, en ninguna cultura, se le ocurrió usar kapok como paloma blanca, lluvia de oro, cruz egipcia, o pluma divina para narrar la inmaculada concepción de alguna deidad salvadora en la tierra.Tal vez algún día alguien sueñe con uno de esos copos de nieve yucateca, descarriándose de su camino al inframundo para entregar la semilla de la ceiba a la humanidad.

Desde la floración a la dispersión, todo el proceso de reproducción de la ceiba es místico y evocador del nuestro. El kapok es, como dijo J. Reyes, «fecundidad perenne a mil tormentas»; miles de nubecitas de celulosa que flotan y se esparcen en el viento final del invierno para transportar las semillas de las ceibas a terrenos distantes en los que intentarán generar vida.

 

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Notas

  1. (♫ ¿Y dos tórtolas y una perdiz en un peral? ♫).
  2. Según sus historias, la Virgen María concibió a Jesús por obra y gracia del Espíritu Santo, representado como una paloma blanca; Dánae a Perseo por obra de Zeus, quien entró en forma de lluvia de oro; la reina egipcia Mut-em-ua concibió al faraón Amenkept III por obra dios Kneph, quien la embarazó sosteniendo frente a ella un Ankh, o cruz egipcia de la vida; y Huitzilopochtli nació de Coatlicue cuando esta encontró un plumaje divino y lo guardó en su seno. Como estas hay muchas similares.

Autores

Contribuciones de nuestros lectores

José Moisés Espinosa Centeno nos envió estas fotos, que tomó en el zoologico de Ciudad del Carmen.

 

Kapok, por José Moisés Espinosa Centeno —Voz Abierta

Sombra de Ceiba sobre Kapok, por José Moisés Espinosa Centeno —Voz Abierta

Kapok II, por José Moisés Espinosa Centeno —Voz Abierta

Posiblemente, uno de los paisajes en los que el kapok más se ve como nieve en el trópico.

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Tags: ceiba, kapok, Popol Vuh

Autor: Armando E. Torre Puerto

Aprendió a escribir palabras usando letras. En Voz Abierta, hemos hecho nuestro mejor esfuerzo por detenerlo, pero es que está bien terco.  ...

Comentarios

  1. Magnífico e interesante el artículo de El Kapok, de Armando E. Torre Puerto publicado el pasado 25 de marzo del presente año, gracias por compartir.

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