Reseña: Rogue One —Las rebeliones y la esperanza

Publicado el 23 diciembre, 2016

✪✪✪✪ 85/100

Rogue One, la primera película de Star Wars que no forma parte de los Episodios (si descontamos las ahora apócrifas películas de los Ewoks), cerró un año lleno de secuelas, refritos y adaptaciones de cómics y videojuegos. ¿Cómo justifica su existencia la octava película de una saga que ha estado presente desde 1977? ¿Corremos el riesgo de que Star Wars, uno de los íconos más grandes de la cultura pop del siglo XX, se convierta en algo rutinario, como el Universo Cinemático de Marvel, que cada año nos entrega dos o tres capítulos entretenidos pero irrelevantes? Bien, yo creo que esta cinta se justifica porque Rogue One no sólo es, a mi criterio, la mejor película de Star Wars desde la Trilogía Original, sino que es justo la que esta generación necesita.

Rogue One vs. Episodio VII

La comparación con El despertar de la Fuerza es inevitable, y tengo que empezar por decir que aunque el Episodio VII me gustó bastantito, tampoco me entusiasmó mucho que digamos. Es demasiado igual a Una nueva esperanza, está llena de agujeros argumentales (“misterios” innecesariamente crípticos, propios del creador de Lost) y, sobre todo, al plantear que nuestros personajes siguen haciendo más o menos lo mismo en un escenario casi idéntico 30 años después, vuelven irrelevante todo lo que pasó en la Trilogía Original, todas las luchas, las victorias y los sacrificios.

Rogue One, en cambio¸ nos cuenta una historia importante. Quizá no imprescindible: realmente no necesitamos saber cómo los rebeldes se robaron los planos de la Estrella de la Muerte, pero vaya que nos gustaría saberlo.1 Así, en vez de expandir innecesaria y artificialmente una historia que ya estaba concluida (la nueva trilogía), o de desperdiciar con una narrativa torpe la oportunidad de conocer un pasado que sí era relevante (la trilogía de precuelas), Rogue One nos coloca en tiempos de la saga original, para mostrarnos aspectos poco explorados de un universo inmenso lleno de posibilidades.

Star Wars a nivel de calle

«You might as well be a stormtrooper»
—Jyn Erso acerca de Cassian Andor.

Lo que hace Rogue One para los fans de Star Wars es precisamente eso: mostrarnos otra cara de algo que ya conocíamos y amábamos. Nos muestra la Guerra Civil Galáctica ya no desde el punto de vista de la princesa y el caballero Jedi, de los Sith y los altos oficiales del Imperio, sino desde el ángulo de los rebeldes anónimos, esos que veíamos morir sin gloria en las batallas de Yavin, Hoth o Endor.

Rogue One baja a Star Wars al nivel de la calle, literalmente, y nos muestra que la guerra siempre es un asunto sucio, en que hasta “los buenos” se ven obligados a llevar a cabo acciones moralmente cuestionables, y en que los inocentes pueden quedar atrapados en el fuego cruzado. La realización de las secuencias de batalla parecen salidas de películas bélicas y de inmediato traen a la mente nombres como Vietnam o Irak, y he allí uno de los más grandes aciertos de la dirección de Garreth Edwards.

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Visualmente, recupera la estética de la trilogía original (aunque, para ser justos, eso ya lo había hecho El despertar de la Fuerza). De nuevo estamos en una galaxia en la que se ven las huellas de décadas, siglos y milenios de historia, expandiéndose mucho más allá de lo que actualmente nos están narrando; ahí están las ciudades atestadas y las grandes extensiones con apenas algunos habitantes; mundos en la que la tecnología, los edificios y la indumentaria de los personajes, en su suciedad y su imperfección, crean la ilusión de vida, de que en este mundo se ha vivido, se ha luchado, se ha padecido o triunfado, en contraste con el aspecto flamante, pulcro y estéril de la trilogía de precuelas.

Los personajes

¿La gran debilidad de Rogue One? Sus personajes. Planos, poco dibujados, sin un arco que nos permita verlos evolucionar. Con cierta simpatía, pero sin mucho carisma, ni mucha química entre ellos tampoco. Es una novedad y un progreso que la protagonista sea una mujer, pero hasta Jyn Erso (interpretada por Felicity Jones) es el cliché del personaje sufrido que ha caído en el cinismo y que redescubre el significado de la vida al entregarse a una causa noble. Hasta el villano principal es bastante blandengue, pero bueno, igual es que está a la sombra de un inesperado Tarkin y de un glorioso Darth Vader. Quizás el personaje más memorable de la cinta sea el cáustico droide K-2SO, interpretado por Alan Tudyk.

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Sin embargo, creo que esa debilidad queda compensada porque me parece que la intención de la cinta no es tanto caracterizar a cada personaje individual sino darnos un retrato de la Rebelión en su conjunto: así vemos a los “radicales” de Saw Gerrera (Forest Withaker) que no temen usar métodos drásticos, pero efectivos, para enfrentarse al Imperio; al temerario Cassian Andor (Diego Luna), que hace el trabajo sucio de la Rebelión; al desertor Bodhi Rook (Riz Ahmed), que ha visto demasiados horrores y busca la redención; a los restos de la antigua religión Jedi, el cínico Baze Malbus (Jian Wen) que ha perdido la fe, y su camarada Chirrut Îmwe (Donnie Yen) que se aferra a ella.

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La próxima vez que vean Una nueva esperanza, al aparecer en pantalla el texto inicial, notarán que ahora tiene una mayor carga emotiva. El Imperio es aún más aborrecible, la Estrella de la Muerte es aún más aterradora, y los sacrificios que han sido necesarios para que al final, rayando, Luke Skywolker logre destruirla, hacen esa victoria todavía más significativa.

Aunque Rogue One está llena de referencias y conexiones a la saga fílmica de Star Wars, así como al Universo Expandido (chequen los cameos de los personajes de la serie Rebels), la película es perfectamente disfrutable para los no iniciados. Incluso me parece un excelente primer acercamiento a la saga, si tienen alguna amistad que no sepa nada de ella.

Star Wars para esta generación

Sobre todo, Rogue One es, como dije al principio, la película de Star Wars que esta generación necesita (y que, sin saberlo, yo había deseado ver durante años). En un ambiente en el que crece el odio y el autoritarismo gana terreno, nos presenta la lucha de un grupo de marginados (los personajes principales pertenecen a alguna minoría étnica y están liderados por una mujer), contra una tiranía fascista compuesta por militares que son hombres blancos. Los mismos escritores de la cinta, Chris Weitz y Gary Whitta, tuitearon al respecto el mismo día de la victoria de Donald Trump en los Estados Unidos, y la relevancia política de esta cinta quedó de manifiesto cuando los blancos supremacistas de la alt-right llamaron a un boicot en su contra por considerarla “propaganda feminista y racismo contra los blancos”.

Rogue One, la película más adulta y sombría desde El Imperio contraataca, la que no tiene mascotas adorables para vender a los niños ni historias de amor forzadas, es la que esta generación necesita porque nos recuerda que las revoluciones se fundan en la esperanza, esperanza de que no serán en vano los sacrificios de quienes no vivirán para ver la victoria, esperanza de que la tiranía puede ser derrotada y un mundo mejor puede construirse, esperanzas que pueden derrotar a la apatía y al miedo.


Anotaciones

1. En el Universo Expandido había toda una serie de historias “oficiales”, a menudo contradictorias, sobre cómo habría sucedido esto. Ninguna es tan buena o tan interesante como Rogue One.

Enlaces externos

Miguel Ángel Civeira González nos ofrece más reseñas, ensayos y artículos como este en su excelente blog Ego Sum Qui Sum.

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Tags: Darth Vader, Diego Luna, Felicity Jones, Forest Withaker, Garreth Edwards, Grand Moff Tarkin, Lucasfilm, Rogue One, Star Wars, Walt Disney Studios

Autor: Miguel Ángel Civeira González

Bloguero, escritor y friki. Miguel Ángel es licenciado en Letras Hispánicas y profesor de humanidades a nivel bachillerato. Ha publicado textos en diversas revistas y antologías, incluyendo la co...

Comentarios

  1. Lo que más extrañamos de la trilogía original es la maravillosa ambientación en un mundo de ciencia ficción y misticismo que no nos cansamos de explorar. Quisiéramos ver las aventuras de todos esos maravillosos personajes secundarios que quedaron bosquejados de una manera o de otra. Y desde un punto de vista menos claroscuro y más a escala de grises, eso es precisamente lo que Rogue One ofrece.

    Desde el principio, el villano principal nos define esta falta de claridad mientras intenta raptar inocentes: «Not hostages, heroes of the Empire». Así Rogue One establece que lo bueno o malo depende del lente con el que se mire.

    Por otra parte, la protagonista, desde el principio, en un viacrucis de desgracias, es escéptica sobre la causa de las fuerzas rebeldes, que parecen tan brutales como el Imperio. Tal pareciera que a pesar de todo, ya no se distinguen los buenos de los malos y resulta más sabio asumir una actitud de «al César lo que es del César».

    Contrario a muchas películas que se quedan en el tono cínico, en ese escenario es donde se gesta la nueva esperanza que se vuelve una realidad en el Episodio uno. Rogue One nos resuelve esas diferencias entre los Rebeldes que tienen que hacer sacrificios poco éticos para lograr el bien común, y el Imperio, integrado por burócratas que demuestran no tener compasión en su búsqueda de poder.

    Esta es una lección que vivimos en estos tiempos ¿Qué esperanza hay cuando las fuerzas del bien no se distinguen de los psicópatas que conforman la maquinarias de opresión?

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