Trump vs. México no es un conflicto entre naciones

Publicado el 1 febrero, 2017

«Un extraño enemigo»

Los ataques de Trump contra México iniciaron mucho antes de que anunciara sus planes para competir por la presidencia de los Estados Unidos. Cuando nuestro paisano Alejandro González Iñárritu ganó su primer Oscar por Birdman en 2015, el hombre de las manos pequeñas refunfuñó que él no hacía tratos con México. Apenas inició su precampaña, nuestro país fue el blanco de insultos; como cuando llamó a nuestros compatriotas violadores y asesinos. ¡Y claro!, como buen demagogo que es, ha usado el miedo al extranjero como plataforma desde un inicio, siendo la construcción del muro fronterizo uno de sus promesas más populares (sin importar lo dañino y absurdo de la misma). Ahora que Trump es presidente y ha firmado la orden para construir el mentado muro, y además querer intimidarnos para pagarlo, muchos mexicanos, con toda razón, se sienten indignados.

Pero ojo, que esta indignación no nos obnubile. Éste no es un conflicto entre naciones y no se resuelve con despliegues de patrioterismo visceral. Éste es un conflicto entre dos visiones del mundo, entre dos sistemas de valores opuestos. En la visión de Trump y su gente, todo aquel que es diferente constituye una amenaza y los problemas se resuelven con “mano dura”, mediante la intimidación y la agresividad. Sus valores son racistas, xenófobos, sexistas, homófobos, chauvinistas, autoritarios y antiintelectuales. A ellos es imperativo oponer los ideales de la cooperación y el diálogo entre culturas, la democracia y la tolerancia, la ilustración y la racionalidad, el aprecio por la diversidad, la equidad y la decencia básica; y una defensa intransigente de la dignidad y los derechos humanos.

México no ha sido la única víctima de Trump. Lo han sido también las mujeres, a quienes está determinado a quitarles el derecho a decidir sobre sus cuerpos; los musulmanes, a quienes pretende impedir la entrada al país; los científicos, a los que quiere amordazar para que no hablen del cambio climático; los artistas, a quienes pretende quitar los fondos gubernamentales; en general cualquier persona que no se alinee con sus políticas, pues ya está purgando las instituciones gubernamentales y poniendo a sus leales en puestos estratégicos; y no me parece aventurado pronosticar que pronto otros grupos minoritarios (afroamericanos, pueblos indígenas, personas LGBTQ) serán victimizadas por su gobierno.

Que quede claro, Trump es un egomaniaco ignorante y psicológicamente inestable, rodeado de fanáticos oscurantistas y protonazis, que además está inspirando y envalentonando a los blancos supremacistas y fascistoides en todo el mundo. Representa un peligro global, no sólo para México. Nuestro pleito puede ser con el gobierno de Trump y sus esbirros, pero no con el  pueblo estadounidense, no con “los gringos”, como siempre decimos. Los ciudadanos estadounidenses que oponen resistencia a Trump se han manifestado también contra su racismo antihispano y sus planes para construir el muro. Han expresado solidaridad con los mexicanos, de la misma forma en la que lo han hecho con los migrantes musulmanes y se han sumado a las luchas de las mujeres y los científicos.

Sin embargo, en México no hemos dado muestras de solidaridad con los otros grupos victimizados por Trump. El gobierno mexicano ha dicho que no pagará el muro (¡Faltaba más! ¡Debería protestar contra su misma construcción, aunque la pagara Trump de su bolsillo!), pero no ha dicho “esta boca es mía” sobre el decreto antiinmigratorio; mientras otros gobiernos han declarado su rechazo a ambas cosas, mientras los mismos estadounidenses protestan con el lema «No Ban, No Wall».

Me da la impresión de que si no fuera porque el Hitler anarajando ha insultado específicamente a los mexicanos, a muchos de nuestros compatriotas les caería bien. De hecho, algunos hasta justifican las declaraciones racistas del magnate porque «la neta los mexicanos sí somos bien ratas y desmadrosos». La visión del mundo de la que Trump es abanderado está muy presente en nuestro país: en el racismo hacia los pueblos indígenas, la xenofobia contra los migrantes centroamericanos, el fundamentalismo religioso, la misoginia, el desprecio hacia los derechos humanos, y en la creencia de que lo que se necesita es un hombre fuerte con mano dura que haga lo que hace falta… De poco sirve oponerse a la ideología de Trump cuando nosotros somos la víctima, si permitimos que esa misma ideología victimice a muchas otras personas dentro y fuera de nuestras fronteras.

¿Adiós Starbucks?

Nos vemos afectados por una ceguera que se manifiesta de dos formas. Una es la de pensar que el asunto es un pleito entre México y los Estados Unidos, al que hay que responder con un patrioterismo análogo. «Si los gringos le dan la espalda al mundo nosotros hacemos lo mismo». De ahí los llamados a boicotear a todas las empresas gringas y consumir local.

Apoyar a las empresas mexicanas y locales es en general un buen consejo, como lo es voltear a ver hacia nuestros vecinos de América Latina para no depender tanto de los Estados Unidos. Pero entiendan esto: la construcción de un mercado interno fuerte o de un área de libre comercio que abarque a los países latinoamericanos no se va a dar de un día para otro. Es una solución a largo plazo que no desparece el peligro que implica una guerra comercial con Estados Unidos.

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Como parte del llamado a consumir local y apoyar lo nuestro, me invitaron a preferir cierta cadena de cafeterías yucatecas. Pero yo sé que ésta, propiedad de una familia adinerada y conservadora, manifestó, a través de mantas colgadas en sus locales, su apoyo a “la familia tradicional” y en contra de los derechos de las personas LGBTQ. Pues que se jodan. No voy a apoyarlos sólo porque son locales, cuando representan el mismo tipo de nefastos antivalores que Trump. Por otro lado, algunas empresas estadounidenses (Google, Amazon, Budweiser y Starbucks, a la que algunos mexicanos quieren boicotear sin pensarlo mucho) han manifestado su rechazo al bravucón.

Hay buenas razones por las que podríamos boicotear empresas, extranjeras o nacionales, si sus acciones nos parecen poco éticas (si dañan al medio ambiente, si explotan a sus trabajadores, si corrompen a los gobiernos, etc.), pero el país de origen de dichas empresas no es muy buen criterio. Si de lo que se trata es de oponernos a Trump, hay que asegurarnos de que las empresas a las que vamos a boicotear sean de las que apoyan a ese imbécil, y no solamente fijarnos en si son gringas o no (que además muchas son franquicias de origen extranjero, pero de dueños mexicanos, con empleados mexicanos y que usan materias primas mexicanas). Aquí hay una lista de algunas corporaciones que hacen negocios con Trump, a las que el movimiento de resistencia en Estados Unidos ya está boicoteando. Y no olvidemos otras como Uber, GE, IBM y las empresas de Elon Musk, cuyos funcionarios están trabajando directa o indirectamente con el régimen trumpetero.

¿Estamos unidos, mexicanos?

Ahora se maneja un discurso de unidad nacional en contra de los abusos de Trump. Eso está bien, siempre y cuando esa unidad no pretenda ser homogeneidad ni una lealtad incondicional con el gobierno de Peña Nieto. Si la presidencia se mantiene firme en la defensa de nuestros derechos frente al tirano con tupé, en cuanto a ello debemos estar unidos. Pero esto no implica suspender nuestras críticas y cuestionamientos a un gobierno que ha sido bastante criticable y cuestionable. En el momento en el que Peña doble la rodilla debe dejar de contar con nuestro apoyo. Un gobierno que no defiende a su pueblo de los abusos de un tirano extranjero no puede ser legítimo.

Cuando Trump se puso en plan de «si no vas a pagar el muro, ni vengas», Peña Nieto hizo bien al cancelar la visita. Pero eso era lo mínimo que demandaba la dignidad, y no por ello debemos olvidar las indignidades que la administración peñista ha cometido. No olvidemos, para empezar, que invitó a Trump a México cuando éste era candidato y que ello sirvió para posicionar al millonario como un estadista presidenciable a los ojos del electorado gringo; o sea, Peña ayudó a Trump a llegar a la Casa Blanca.

Dicho esto, tampoco hay que caer en una segunda forma ceguera, diametralmente opuesta. No ha faltado quien acuse que los escándalos de Trump son sólo distracciones para olvidar los problemas del país. No, señores, Trump representa un peligro muy real para México. Sus acciones disparatadas pueden afectar gravemente nuestra economía, pero además no podemos descartar una intervención militar (porque Trump dijo en campaña que no la descartaba). Quienes dicen que no hay que hacer caso de lo que pasa en Estados Unidos sino recordar la lucha contra el gobierno corrupto en México plantean una falacia de falso dilema. En realidad debemos estar atentos tanto a nuestros problemas internos (¡que no son pocos!) y a lo que está pasando en el país más poderoso del mundo, bajo cuya sombra vivimos.

Con el Hitler yanqui, que quiere hacer de nuestro país su Polonia, nadie puede darse el lujo de adoptar una política de apaciguamento, o de enfrentarlo sólo cuando nos afecta directamente e ignorarlo cuando los golpes le tocan a alguien más. No es digno, ni va salir bien, tolerar que abuse de otros con la esperanza de que si no me meto me va a dejar en paz a mí. Tarde o temprano nos va a tocar a todos, de una forma u otra, y sólo unidos podemos combatirlo. Si todos los que estamos siendo amenazados por Trump no oponemos una resistencia enérgica desde ahora tendremos que hacerlo por separado, uno por uno, conforme llegue nuestro turno.


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Video cómico de WeCanFixIt.

Tags: Alejandro González Iñárritu, Donald Trump, Enrique Peña Nieto, Starbucks, Veto a los musulmanes en EEUU

Autor: Miguel Ángel Civeira González

Bloguero, escritor y friki. Miguel Ángel es licenciado en Letras Hispánicas y profesor de humanidades a nivel bachillerato. Ha publicado textos en diversas revistas y antologías, incluyendo la co...

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