Unamuno, el animalista

Publicado el 30 noviembre, 2017

Don Miguel de Unamuno y Jugo (1864-1936) es recordado, con frecuencia, como un intelectual combativo que escribió Contra esto y aquello —título que declara su espíritu guerrero, en eterno pie de lucha— y que fue capaz de enfrentar a las huestes del general Francisco Franco, en el año de 1936, con la certeza de una profecía: “Venceréis pero no convenceréis, porque a ustedes les sobra lo que a nosotros nos falta, fuerza bruta, pero a nosotros nos sobra lo que a ustedes les falta, la razón”.

El testimonio fotográfico que presenta su imagen, probablemente el más extenso de cualquiera de los miembros de la denominada Generación del 98, refleja a un hombre que luce un sombrero negro y de ala corta, muy distinto, cabe agregar, a la tradicional txapela de sus compatriotas vascos; unos anteojos redondos y metálicos, con las charnelas adheridas a las sienes; barba de patriarca, gris, casi nívea; chaleco abotonado hasta el cuello y levita de color del luto.

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El semblante de don Miguel era, según parece, de pocos amigos. Aborrecía la estupidez, una característica netamente humana. Criticó con persistencia y contumacia al hombre como individuo y, más todavía, a España como nación. A veces mostraba una actitud de aparente armonía, y aseguraba: “No quiero agitar el agua; quiero mejor arar la tierra”.1

Pero su lucha, por supuesto, no aceptaba medias tintas. Unamuno, gracias a la fuerza de su voluntad, era restaurador y profeta al unísono: a finales del siglo XIX trató de reparar el honor de España después del gran desastre que supuso la Guerra Hispano-Estadounidense y, en el umbral de la Guerra Civil, intentó evitar la tragedia española.

Había en su personalidad, no obstante la guardia que nunca bajaba, la posición de defensa que siempre mantenía, un lado tan amable que sólo podía ser despertado por la ternura y la inocencia de los animales. Es consabido que don Miguel se opuso con mucho brío a las corridas de toros, que entonces eran extremadamente populares en la Península Ibérica y que impedían, en su opinión, la toma de conciencia cívica del ciudadano promedio.

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Ahora bien, su animal favorito no era el toro, sino el perro. Y así lo dejó asentado en su novela más conocida, en el arquetipo de sus “nivolas”, Niebla (1914). En Niebla, Orfeo, un perro que Augusto, el protagonista, encuentra entre unos matorrales, tiene apariciones recurrentes. Algunos investigadores sugieren que Unamuno lo exhibe, por medio de estas reiteraciones, como un “sustituto filial”, es decir, como el remplazo de un hijo hipotético.2 Esta interpretación suena, por lo demás, verdadera o por lo menos coherente.

Don Miguel tuvo, en la vida real, nueve hijos con su esposa, Concha Lizárraga. Sin embargo, existe un poema, un poema tan sincero como toda poesía verdadera, que revela su profundo amor por los canes. Se llama “Elegía en la muerte de un perro” y fue inspirado por una de sus mascotas, una igual de fiel y cariñosa que la de San Roque de Montpellier (aquel peregrino que, tras ser alcanzado por una saeta, se escondió en un recoveco con la única compañía de un perro sin rabo, que le lamía la herida en la pierna y le acercaba un mendrugo de pan para ayudarlo a paliar el hambre).

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En él Unamuno, don Miguel, se desahoga y afirma que el perro, de tanto convivir con el hombre, ha adquirido anhelos que el lobo aún desconoce. Y refleja el tamaño de su tribulación en seis versos, en tan sólo dos preguntas:

¿Allá, en el otro mundo,

tu alma, pobre perro,

no habrá de recostar en mi regazo

espiritual su espiritual cabeza?

¿La lengua de tu alma, pobre amigo,

lamerá la mano de mi alma?3

 


 

Notas

1 Unamuno, Miguel de (1961). “¿Conferencias? ¡No!”, en Obras completas, Tomo X, Autobiografía y recuerdos personales. Madrid, España: Afrodisio Aguado, p. 1060.

2 Cfr. Fiddian, Robin W. (1989). “Orfeo, los perros y la voz de su amo en Niebla de Miguel de Unamuno”, en Actas X. Madrid, España: Asociación Internacional de Hispanistas, pp. 1751-1759.

3 Unamuno, Miguel de (1907). “Elegía en la muerte de un perro”, en Poesías. Bilbao, España: Imprenta de José Rojas, p. 185.

Tags: Francisco Franco, Miguel de Unamuno, Niebla, Orfeo, Unamuno

Autor: Francisco Gallardo Negrete

De Pénjamo. Maestro el Literatura Hispanoamericana y filósofo....

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